Para hablantes de lenguas romances, aprender alemán pareciera ser muchas veces un desafío vano. En el otro extremo, con un léxico compartido en un 50%, el inglés se nos presenta como la lengua no romance más accesible. Si para hablar alemán estamos obligados no solo a asimilar un vocabulario que se nos hace profundamente entreverado, sino también a encontrar la declinación adecuada y el orden sintáctico preciso, para el caso del inglés pareciera bastar con aprender una serie de términos –aquellos que no poseen un origen latino ni griego (porque, qué va, lo demás lo sabemos por intuición)– y despreocuparse del complejo sistema verbal del español y de todo ordenamiento sintáctico. Y, sin embargo, no es tan fácil.
El inglés funciona sin duda como un código sintético. La regla general sería: “Diga lo que quiera decir de la manera más simple posible” y el resultado sería un enunciado aprobable, o al menos comprensible, por cualquier hablante de inglés. Mientras que en español disponemos de cuatro pasados, dos futuros y un presente en modo indicativo y cuatro tiempos en el subjuntivo –todo esto duplicado con sus correspondientes formas progresivas: como/estoy comiendo, comeré/estaré comiendo, coma/esté comiendo, etc.– y con seis declinaciones de persona por cada uno de los tiempos –sin olvidar sus respectivas irregularidades–, en inglés basta con aprender la tabla de los verbos irregulares (do-did-done, go-went-gone, etc.) para superar las dificultades de conjugación más inmediatas. Pareciera.
Pero si esto realmente fuera así, no existirían dos posibilidades de escritura tan disímiles como las de los contemporáneos Ernest Hemingway y William Faulkner. Mientras que el primero obedece a la regla enunciada arriba de una manera incondicional y con resultados sorprendentes, el segundo la invierte radicalmente alcanzando resultados igualmente celebrables. Entonces, ¿es tan simple como decir que el inglés es un código sintético? Quizás sí, pero con la observación de que ese lenguaje elemental permite combinaciones tan complejas y ricas, tan pobladas de significados, como la escritura de Faulkner o tan minimalistas, pero igualmente de expresivas, como la de Hemingway.






Un poco de libertad beneficia a ambos arroba da
Esto es razonamiento poético, se basa en meras asunciones de alguien que no habla inglés.